Con 25 millones de personas, la ciudad de México es una de las más grandes ciudades del mundo con un poco menos de la mitad de su población viviendo en pobreza. Comunidad Mosaico está actualmente enfocándose en la periferia del Este del área metropolitana, incluyendo Chimalhuacán y San Vicente Chicoloapan, comunidades de bajos ingresos en las afueras de la Ciudad de México que conjuntamente albergan a cerca de 1.5 millones  de residentes.

A penas la mitad de ellos son habitantes de barrios marginales quienes viven en casas por debajo de los estándares, mas de 80% de ellos son empleados del sector informal y en condiciones económicas desesperadas. Como tal, ésta área es considerada entre los barrios marginales más grandes de América Latina. Más de la mitad de las familias están desintegradas debido a los patrones de migración y violencia doméstica. Cerca del 70% de las mujeres sufren de violencia psicológica, económica y social, esto se ejemplifica en el hecho de que en Chimalhuacan cinco de cada 10 mujeres experimentan abuso físico doméstico, de acuerdo a CEAVIF (Centro de Atención a la Violencia Familiar). La participación cívica en ésta área no se extiende mucho y en dónde los ciudadanos se organizan son cooptados por intereses políticos. La mayoría de las iglesias también, ofrecen muy poco para atender la desesperanza arraigada, la injusticia estructural y la creciente necesidad presente en muchos barrios urbanos marginales.

Desafortunadamente, ésta falta de participación cívica, organización comunitaria e involucramiento social de las iglesias han hecho que Chimalhuacán y San Vicente Chicoloapan sean una tierra fértil para la injusticia estructural, corrupción continua, governanza urbana pobre, oportunismo por parte de partidos políticos y crimen organizado. Todo esto, además del quebrantamiento personal y falta de salud social, han conspirado para mantener a los residentes de Chimalhuacán y San Vicente Chicoloapan en un ciclo de desesperanza y apatía. Sin duda, muchos buscan respuestas en el ámbito sobrenatural. Nuevos santos, como San Judas Tadeo, quien es llamado el santo de los desesperados y cultos aún más obscuros con grandes enseñanzas ocultas, como el culto a la Santa Muerte están ganando terreno rápidamente.

La necesidad y las oportunidades de plantar y crecer iglesias misionales y comenzar iniciativas basadas en la comunidad que transforman las vidas de las personas y comunidades son grandes. Así mismo la necesidad y oportunidad de equipar y renovar líderes locales para ser agentes de cambio en sus propias comunidades, mientras que construyen coaliciones de base amplia ciudadana que promuevan el cambio a un nivel sistémico y construyendo puentes entre los que toman las decisiones y los pobres urbanos.

 

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